Hace más de 12 mil años estos lugares eran praderas heladas en las que viajaban grandes “golfotieros”, tigres dientes sable, antiguos caballos americanos y tras ellos el hombre de Monteverde Eran hombres y mujeres que se especializaban en la caza, la pesca orilla, el reconocimiento de especies vegetales y fauna propia de la última glaciación Trascurridos 9 mil años, las praderas se inundaron con enormes glaciares derretidos que formaron ríos y lagos y el mar invadió valles y quebradas. Los descendientes de Monteverde divisaron en las costas a pueblos navegantes y juntos, el hombre de los conchales y de los corrales que unidos a los antiguos huilliches fueron los primeros colonos de los canales y de las estepas cuaternarias Miles de años más tarde, en los albores del siglo XVI, apareció el conquistador que con la cruz y la espada levantó iglesias y fuertes, revolucionó con el conocimiento la vida del nómade, con una
nueva lengua y un nuevo Dios Transcurrieron más de 200años y las erupciones del volcán reportadas en las crónicas de Humboldt y Pérez rosales, cuentan del arribo a la bahía de puerto Montt de grandes veleros, y vieron desembarcar al pie de los cerros de “Melipulli” al hombre y a la mujer que, venidos de Alemania traían en sus brazos a sus hijos y en sus corazones el sueño de construir una nueva Patria en torno
al lago Llanquihue. Esos colonos necesitaron de los pobladores de Puerto Montt para construir una senda hacia su destino, y el inmenso bosque de alerce debió ceder al golpe del hacha y entre sus troncos dio paso al huilliche que baqueano de los pantanos y de las selvas construyó una senda de varales hasta alcanzar Puerto Chico.
En esos mismos años este territorio era conocido por los “tejueleros” que trabajaban el alerce y formaban un pueblo trabajador esforzado y resiliente que sobre los grandes humedales levantaron con sus manos sus chozas y refugios dando origen al poblado de Alerce construyeron su capilla y más tarde su escuela rural para depositar en los ojos de los niños del pueblo la esperanza campesina cuya mayor herencia para sus hijos es la educación Así en un día cualquiera fruto de esfuerzo de un país joven emerge sobre los antiguos humedales un colegio robusto con colores austeros como los troncos de los viejos alerces Pero con un nombre joven: COLEGIO Nueva alerce le llamaran todas las generaciones y aquí se educarán EL hombre y mujer del futuro aquellos que cuando estén lejos y necesiten seguir soñando volcaran sus rostros al sur, a su alma MATER el COLEGIO NUEVA ALERCE